sábado 21 de noviembre de 2009

¡Este es el rostro de la venganza Judía! (algo atrasado)


Desde los primeros minutos de Inglorious Basterds, podemos apreciar que estamos ante algo épico. Los créditos con ese saborcito a película clásica, la música del maestro Morricone, las tomas y la locación, evidencian que no es un capricho más de Quentin Tarantino, sino una lección de Cine. Y es que, desde que estrenara Reservoir Dogs por ahí del 92, se ha criticado a Tarantino de innumerables cosas: que si es muy inmaduro, que si estiliza demasiado a sus personajes, que si se pasa de violento, que si es basura popular con ínfulas de genialidad. Lo cierto es que este singular y parlanchín director ha dejado en cada una de sus obras un verdadero sello de autor, sin que esto asuste a la gente a la hora de acercarse a la taquilla, por el contrario, sus locuras se han vendido muy bien, dejando siempre íntegra la visión de su director. Diálogos a la velocidad de un tren descarrilándose, cultura popular, música sesentera, drogas, sexo, violencia, venganza, cajuelas, pies descalzos, viejos sabios, bellas damas y pervertidos asesinos son apenas una muestra del universo tarantinezco.

Se puede decir que Inglorious Basterds es la cúspide de su carrera, su punto más alto: al apreciar esta obra, se puede ver a las demás películas como un ensayo de lo que aquí habría de verter. No es que aquellas sean inferiores (nadie que haya visto Pulp Fiction o Kill Bill
podría decirlo), sino que en Basterds se nota una dirección segura, de quien sabe exactamente lo que sabe y lo que quiere. Ya no estamos ante el Tarantino inmaduro, ni ante el grandilocuente, estamos ante un artista que ha sabido hacer de su peculiar cosmovisión la mejor expresión cinematográfica. Aquí todo está equilibrado. Abre con una pieza de cine clásico, hace del plagio homenaje (y uno muy bueno). Nada de chistes vulgares, ni de alemanes hablando inglés para satisfacer a un público mediocre y huevón.

Dos individuos hablan en el contexto de una Francia ocupada por los nazis. Uno esconde algo, el otro lo descubrirá valiéndose de su encantadora e incómoda oratoria, que no sirve para otra cosa que para crear tensión, tensión que irá aumentando hasta llegar a un primer clímax arrollador, para después cortar la escena dejando en el espectador una cara de idiota.
Después de esta primera lección, Tarantino entra a lo que mejor conoce: personajes rayando en la caricatura (en este caso un genial Brad Pitt), verborrea punzante y planteamiento de la vendetta. Hitler entra a escena, el dictador grita y berrea, sin duda la imagen más ridícula que el cine gringo ha visto. Estructura el capítulo a base de flashbacks, a la vez que presenta a sus entrañables bastardos pateando (y bateando) traseros nazis; Danny “El oso judío” Donnowitz y su mortal bat, Hugo Stiglitz, el alemán rebelde (cuya historia es presentada frescamente en una cápsula conducida por la entrañable voz del actor fetiche de Tatantino, Samuel L. Jackson) y el apache Aldo Raine. La cámara va de Brad Pitt al alemán, de este al traductor, y de regreso, casi un chiste cinematográfico de ejecución impecable. Los capítulos que han de seguir, van juntando los elementos que han de converger en el explosivo clímax y en el final inesperado: una judía huérfana en busca de venganza, un héroe de guerra nazi, Goebbles dirigiendo una cinta, un crítico de cine inglés al lado de los bastardos.

Cada escena esta tan bien estructurada que es imposible evitar la tensión que va creando, sentir el corazón palpitar ante cada escena violenta. Todas terminan en verdaderos festines de balazos y sangre. Es como si Tarantino le hiciera el amor a su obra: conduce la acción pasivamente durante minutos y minutos, haciéndola crecer gradualmente, para que todo termine en geniales tres segundos, donde mete lo más que puede de excesos, y después corta la escena sin que el espectador crea el éxtasis que acaba de experimentar.
Al final, hay venganza no solo de los personajes, sino de toda una raza, de la historia misma. Qué importa que Hitler no haya muerto en la vida real; si el arte nos permite hacerlo, adelante entonces.

Todos los elementos de esta película encajan a la perfección. El cuadro actoral cumple con creces, sobresaliendo el antes desconocido Cristopher Waltz en su papel de Hans Landa, un verdadero hijo de puta que eriza la piel en cada aparición. También Brad Pitt, quitándose su imagen de niño guapo hollywoodense y demostrando que es un gran actor. La edición marca el ritmo correcto para cada capítulo. Así, queda una película perfecta, grandota, grandiosa, violenta, artística, entretenida, graciosa y dramática. A fin de cuentas, no queda otra sino darle razón a la megalomanía tarantinezca que acaba su película diciéndole al público: “Creo que esta es mi obra maestra”. Sí señor.

sábado 7 de noviembre de 2009

TOP: mejores "anti-comedias románticas"

Las comedias románticas con final feliz, que obedecen a ciertas formulas hollywoodenses hechas para el gusto de la masa, no pueden ser películas de amor, pues se quedan a medias en esta búsqueda. Y es que el amor es demasiado complejo como para pretender retratarlo en dos horas. Sin embargo, hay algunas grandes excepciones que, sin despegarse de ciertos estándares cómicos, exponen esta emoción tanto en lo positivo como en lo negativo. He aquí un breve listado de lo que puede llamársele "anti-comedias románticas", que no son más que verdaderas obras maestras que entrelazan la comedia y el drama en su retrato de las relaciones amorosas, sin perder nunca el estilo. Como el amor mismo. Seis películas de grandes cineastas que nos muestran que Amor es más que un niño ciego lanzando flechas a lo pendejo (o tal vez demuestran lo trágico e irracional de ello).

1. Annie Hall (1977) Dir. Woody Allen
Con Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts y Paul Simon.

Después de hacer algunas comedias absurdas, sexuales y medio filosóficas, Woody Allen nos dió en Annie Hall su primer comedia "en serio". Cuenta la truncada historia de la relación de Alvy Singer (el eterno alter ego de Allen) y Annie Hall (hermosa e inmejorable Diane Keaton). Él es un cómico intelectual con un corrosivo humor, mientras que ella es una singular cantante con una personalidad encantadora. Se enamoran. Pasan grandes momentos junDtos, rompen y vuelven a juntarse, parecen estar hechos el uno para el otro, la neurosis y el aliviane congenian. Sin embargo, las cosas terminan, ni bien ni mal, simplemente terminan. Aparentemente se trata de una trama sin mayores complicaciones, pero el maestro Allen introduce elementos cinematográficos que colorean la relación de nuestros personajes a un nivel cinematográfico inigualable hasta ahora: subtitula los pensamientos, le habla al público, divide la pantalla, mete animación. Si a todo lo anterior le agregamos los diálogos "allenezcos" que recorren la vida, el amor, la muerte... y todo lo demás, el resultado es la mejor comedia de todos los tiempos (disculpe Mr. Chaplin).

El final, ya con Annie fuera de la vida de Alvy, es tajante y genial: "Oí un chiste que retrata mi idea sobre el amor: Un hombre va al doctor y le dice, Doctor, mi hermano se cree gallina, a lo que el médico responde, Pues tráigalo para curarlo, No puedo, pues necesito los huevos. Y creo que así son las relaciones:tan absurdas, locas y carentes de sentido, pero nos segumos involucrando porque, a final de cuentas, necesitamos los huevos". Así sea.

2. Cuando Harry encontró a Sally (When Harry met Sally, 1989)
Dir. Rob Reiner
Con Billy Cristal, Meg Ryan y Carrie Fisher.

Es, en gran parte, un homenaje a Woody Allen. Cada toma, cada diálogo transpira la escencia del director neoyorquino. Dirigida por Rob Reiner, Cuando Harry encontró a Sally es la historia de amor entre dos amigos, y el planteamiento es simple pero difícil: ¿Pueden un hombre y una mujer verdaderamente ser amigos? Y ahí radica la originalidad de esta obra, pues no da respuesta, pero la ejecución nos muestra momentos geniales, como aquel ya mítico en que Meg Ryan finje un orgasmo en mitad de un restorán ("quiero lo que ella pidió" pide después la madre de Reiner al final de la escena). Intercala cada época retratada en la película con breves cápsulas donde parejas de viejitos nos cuentan su propia historia de amor

La escena en que Harry y Sally bailan, después de pasar hermosos momentos juntos, merece que pongamos a Meg Ryan y Billy Cristal en un altar... sin diálogos, sus rostros nos muestran el doloroso destino que correrá su amistad: están enamorados uno del otro. Chin.

Una historia envolvente, a ratos dura y a ratos hilarante, es un clásico no solo de los ochentas, sino del cine en general, y con razones de sobra.

3. Mi pareja equivocada (Chasing Amy, 1997) Dir. Kevin Smith
Con Ben Affleck, Joey Lauren Adams, Jason Lee, Jason Mewes y Kevin Smith.

Encuentras a la chica adecuada, te hace sentir bien, tienen gran química, es guapa... ¿Hay algo de malo con ella? Si, es Lesbiana. Por si fuera poco, ahí sigues, pues estás enamorado de ella, mientras tu mejor amigo se la pasa profiriendo insultos a tu nueva "amiga".

Chasing Amy es, sino la mejor, si la más interesante película de Kevin Smith, pues el gordo director aborda la relación de pareja con ese ingrediente incómodo que es la amistad y el pasado (incómodo también). Referencias a Star Wars, comics, insultos racistas, vulgaridad, ychistes sobre drogas hacen de esta una comedia (que a veces hace llorar) fresca y profunda a la vez. De nuevo no hay finales felices, solo vida y todo lo que ello implica.


4. Embriagado de amor (Punch drunk love, 2002)
Dir. Paul Thomas Anderson
Con Adam Sandler, Emily Watson, Luis Guzmán y Phillip Seymour Hoffman.

P.T Anderson dirige esta ¿comedia? estelarlizada por Adam Sandler, q
uien interpreta a un triste y mediocre vendedor de destapacaños, con cinco hermanas que no hacen otra cosa que estar chingando y un traje azul que posiblemente lo hará sentir bien por un día. Y además, se enamora.

Inquietante, divertida y muy triste, Embriagado de amor retrata ese raro sentimiento a través de escenas incómodas pero geniales, gracias a las magnificas actuaciones y a la soberbia dirección. Nuestro enamorado personaje hará lo inimaginable por conquistar a la chica, a la vez que lidia con su represión y neurosis. Aquí no hay otro comentario sino: Tienen que verla.

5. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of a Spotless Mind, 2004)
Dir. Michel Gondry
Con Jim Carrey, Kate Winslet, Kirsten Dunst, Mark Ruffalo, Elijah Wood y Tom Wilkinson.

Después de un hermoso comienzo y desarrollo, la relación se va apagando, solo hay celos, peleas y, finalmente, truene. ¿Qué hacer ahora con ese vacío en el alma? ¿Dónde enterrar las cartas, los peluches, los recuerdos? La respuesta está en Lacuna, la empresa que se encarga de borrar los recuerdos de aquella persona que tanto te hace sufrir. Joel acude para eliminar a su ex novia y sus estúpidos tintes de pelo. Cuando los encargados están quitando cada recuerdo, nos metemos a la mente de Joel y somos testigos del recorrido por aquellas historias que, ahora lo sabe, siempre valieron la pena. Y Joel grita, suplica que no eliminen a la chica, sin embargo, es demasiado tarde, y no queda otra sino disfrutar los últimos momentos con ella.

Quizá la mejor y más original historia de amor jamás contada, Eterno resplandor le debe su grandeza al guion escrito por Charlie Kaufman, quien vierte toda su imaginación y locura en esta historia que Michel Gondry lleva con eficiencia a la pantalla.

6. 500 días con ella (500 days of Summer, 2009)
Dir. Marc Webb
Con Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel.

Esta original y sorprendente comedia, retrata los 500 días de relación entre Tom y Summer. "Esta no es una historia de amor" nos advierte el narrador desde el principio. Y miente, pues en realidad esta cinta es todo eso: una historia de amor. Cuenta el enamoramiento, las bajas, las altas, las camas, el juego, el rompimiento, el dolor, el odio, la aceptación, todo a través de certeras viñetas que intercalan los primeros con los últimos días. De esta forma, vemos un Tom cantando y riendo, aceptando su amor por cada parte de Summer, y de inmediato nos mandan a un Tom deprimido, gris, que va solo al cine, donde se retrata en los trágicos personajes de Bergman. Además, intercalan la historia con capsulas que rompen con el desarrollo, ya de por si truncado, de la historia, y le dan un tono que recuerda a películas como la misma Annie Hall o Amelie.

500 días con ella debería ser la Biblia de todo aquel que ha vivido las situaciones ahí planteada, que no somos pocos.

sábado 24 de octubre de 2009

Canciones literarias: Christmas Card From A Hooker in Minneapolis. De Tom Waits



Jorge:

Estoy embarazada. Perdón, pero no puedo ocultar la emoción, me acabo de enterar. He de contarte que, en estos largos años de no vernos, mi vida ha cambiado bastante. Es decir, tal vez la última imagen que tienes de mí sea un tanto dolorosa, demacrada y patética, pero he resurgido, como el fénix, de las cenizas. Ya dejé las drogas, no tomo más whisky (y mira que tu sabes lo tanto que me gustaba) y sigo fumando, pero prometo dejarlo en fechas próximas. Además, tengo un marido, nos casamos por lo civil hace unos meses, y me acaba de dar el hermoso anillo que su madre uso en su boda; además, me prometió un casorio de primera, con iglesia, banquete, vestido y pastel. Mi marido no es el tipo de pareja que hace tres años hubiera tenido, no es padrote, ni vendedor de droga, ni nada de eso, trabaja en algo serio, algo honrado, y toca el bajo en una banda de jazz. Por si fuera poco, cada fin de semana me lleva a bailar toda la noche. Ahora vivo en Cancún; como recordarás, mi hermano vive aquí. También has de recordar que generalmente venía para ocultarme de los turbios y asquerosos asuntos en los que me metía, pero esta vez es diferente, esta vez me quedaré. De hecho, regresaré a la escuela en Enero, pienso estudiar gastronomía, pues siempre me gustó cocinar.

Jorge, ¿te enteraste de lo de Alex? Aún no puedo creer que lo pescaron, lo último que supe fue que está pagando condena de diez años por vender droga, y por asesinato. Es triste, creo que desde el accidente me quedó claro que ya no podía seguir en este mundo. Y es más triste cuando pienso en el Alex de la secu, ya maleado, pero bello y luminoso. Qué difícil y doloroso enterarse que la mayoría de nuestros amigos están trabajando a sus 18 años, con hijos, y sin seguir sus estudios.

Jorge, últimamente he estado pensando mucho en ti. ¿Creerías que aún guardo esos discos que me grababas con la música que te gustaba, con Bunbury, Café Tacuba y Fobia. Recuerdo los días de la secundaria como los mejores de mi vida, y me acuerdo de tu madre… perdón, La Maestra Maricela, con sus groserías y su gran sabiduría. Siempre fuiste la mejor extensión de ella. Y te acuerdas de las poesías corales de fin de año, esa emoción de disfrazarnos y recitar en medio de todos aquellos bellos versos de, creo que eran, García Lorca, Gabriela Mistral o Pablo Neruda. Ja, me acuerdo sobretodo de segundo año, cuando pusimos “La bella durmiente del bosque” y tú y Cocol se burlaban de mi tonito al decir “hada fea, tumbafiestas, rompedora de ilusión”. Esos eran buenos tiempos y, ¿sabes algo mi querido Jorjais? Creo que por primera vez soy feliz desde aquella bella etapa. Ahora que recuerdo, ¿sigues dibujando? Siempre te chuleaban tus dibujos.

Jorge, amigo querido ¿Te digo la verdad?

No vivo en Cancún, no tengo un marido y, obviamente, no toca el bajo en ninguna banda de jazz. Necesito algo de dinero, para pagarle a este abogado, ¿crees que me puedas prestar un poco? Tener un hijo en este lugar no es algo fácil, no con el ambiente que se vive y con las demás presas.
Por cierto, nos dejan tener una visita conyugal en San Valentín, si así lo deseas, puedes venir. Te esperaré con gusto.

Con amor, Tu amiga

viernes 16 de octubre de 2009

Aquellos pequeños patos


Es fin de semana y tienes todo listo para que sea un gran día en casa. Tienes pizza, televisión, Xbox 360, Guitar Hero o Halo, Pornografía, Internet. Todo marcha bien, estás clavadísimo con la lira del Guitar Hero… y entonces se va la luz. Pinche luz (ha de ser por lo de Luz y Fuerza del Centro, piensas). Tarda poco para que el tedio se apodere de ti. Tus párpados se van cerrando al igual que la promesa de un fin de semana de rica hueva (la que estás viviendo es mala hueva). Decides pedir la pizza y las cocas. Llegan. Te sientas a la mesa con tu familia (quienes también se están muriendo de aburrimiento). Y entonces un pequeño milagro ocurre. Platican. Recuerdan y se comunican sin necesidad de chat (¡Oh blasfemia contra el deux ex machina!). Salen a flote los sentimientos y frustraciones, las memorias de aquellos viejos tiempos en que todos salían el fin de semana a algún parque, cuando la maldita tecnología no se había apoderado de su alma. Recuerdan quiénes son y con suerte realizarán alguna actividad familiar, sin necesidad que los medios se los ordenen. Al finalizar el día, piensas que fue un buen fin de semana. Entonces regresa la luz: la apagas.

Esta escena cotidiana que cualquiera ha vivido, es retomada por el director egresado del CUEC, Fernando Eimbcke, en su ópera prima Temporada de Patos. Cuenta la historia de Flama y Moko, dos jóvenes que tienen todo para pasar un divertido domingo… pero entonces se va la luz. Aparecen entonces los personajes que terminarán por completar el cuadro: Ulises, el repartidor de pizzas; y Rita, una chica que quiere cocinar su pastel. En apariencia pasa poco, pero conforme avanza la película, los personajes se van desnudando y dejan al aire sus anhelos, frustraciones y penas. Flama guarda recelo contra sus padres y su lucha de día a día debido al divorcio por venir. Moko sufre el crecimiento, la partida de su amigo y el despertar de la sexualidad. Ulises ha visto sus sueños rotos y tiene que soportar un trabajo de mierda. Nadie se acordó del cumpleaños de Rita, por lo que la chica vuelca toda su tristeza en un pastel mal hecho. Aparentemente, la película es lenta y cansada, pues tiene escenas donde, tanto la acción como el diálogo, son nulos; sin embargo, esto sirve para marcar un ritmo pausado en el que, dentro de toda la cotidianeidad, irán emergiendo aquellas pequeñas grandes molestias que acosan a nuestros personajes. Peleas, pláticas, cuadros de patos en vuelo, brownies de mota, viajes sensoriales, chocolates frustrantes, objetos destruidos a la par de la niñez, todo ayuda a estos cuatro individuos a encontrarse consigo mismos. Algunos encuentran emancipación, otros simplemente tendrán que seguir con su vida, pero todos demostrarán que, por mucho que la vida les valga pito, tienen que lidiar con ella.

Fernando Eimbcke pinta este cuadro de manera sublime, con escasos recursos pero con una idea de realización de cine como debería ser, como arte. No hay movimientos de cámara, tal vez por el reducido espacio del edificio de Tlatelolco, lo que le sirve de pretexto para encerrar a sus personajes en sí mismos e irlos liberando poco a poco. De hecho, sólo se permite hacer movimientos de cámara en los flashbacks, los sueños y en el viaje final de Ulises en motocicleta, porque solo ahí sus personajes encuentran libertad. Es interesante también el hecho de meter la cámara en cualquier espacio cerrado para ver de frente a los personajes: en el refri, la alacena, ¡en el horno! De esta forma, Eimbcke nos ofrece un trabajo de autor enfocado a la adolescencia, en ese punto exacto en que uno adolece la puta vida. La segunda película de este director, Lake Tahoe, continúa el tema del crecimiento, solo que enfocado al duelo; en esa película, de nuevo utiliza a Diego Cataño (Moko) para crear una película íntima y dolorosa donde pasa poco, pero lo que pasa cala.

Finalmente, el título. Temporada de patos por el cuadro, por ese fetiche en el que Flama vierte su dolor y desesperación, y en el que Ulises encuentra libertad y paz. Pedazos de nuestra alma dejados en cualquier objeto cotidiano, que nos remiten a recuerdos, sueños perdidos, añoranzas. Aquellas pequeñas cosas que nos hacen llorar cuando nadie nos ve.

Son aquellas pequeñas cosas

Que nos dejó un tiempo de rosas

En un rincón,

En un papel

O en un cajón.

Como un ladrón, te acechan detrás de la puerta,

Te tienen tan a su merced

Como hojas muertas

Que el viento arrastra allá o aquí…

Que te sonríen tristes y

Nos hacen que,

Lloremos cuando

Nadie nos ve.

-Joan Manuel Serrat “Aquellas pequeñas cosas

sábado 19 de septiembre de 2009

White Riot For Joe Strummer


Este que ves, es un héroe. Es un rockero, un punketo, un jipioso. Es Joe Strummer y en los 70's se le ocurre juntar a unos monos y llamarlos The Clash, meterse a un cuartucho y ponerse a tocar la guitarra a todo lo que da, un una onda más desmadrosa que musical. Este tipo tiene conciencia política, por lo que escribe rolas que concentran su furia y de paso le mientan la madre al sistema. Pasa del punk y descubre ondas africanas, latinas que poco a poco va introduciendo a la música de su banda, la única banda que de verdad importa. Desde Londres, Joe Strummer grita, berrea y escupe su ideología, le mienta la madre a los hippies, al presidente, a la mediatización, a la guerra, al consumismo.

Y entonces nuestro héroe deja de ser el adolescente de 30 años, y crece, con todo lo que implica, se contradice y se pierde en una vorágine de responsabilidades, el sistema casi se lo come, por lo menos se chinga a su banda. Luego, Joe Strummer desaparece un rato, dicen que se vuelve loco, por ahí hace algo de música y algunas películas, mientras trata de lidiar con su propia decadencia, siempre contando con la ayuda de sus amigos.

Pero no muere. Resucita de las cenizas como un sabio, un hippie de esos que tanto criticaba. Acopla su visión encabronada y contestaria con el humanismo y la sensiblidad que adiquirió junto con la madurez que brinda el tiempo. Junta a otros tipos y crea a Los Mescaleros, quienes no tienen el éxito de su The Clash, pero si la calidad y el estilo. Su voz rasposa, antes (y siempre) emblema de una generación colérica, ahora se transforma en una emisión relajada, cachonda y sabia.

Este que ves, con su exagerado peinado a la Elvis, sus dientes jamás lavados, sus orejas puntiagudas de Sr. Spock, los ojos atontados, las cejas que ya no pueden arquearse más, la frente que parece no tener fin, ese que ves es Joe Srummer. Y puedes ver un documental pocamadre llamado Joe Strummer: the future is unwritten, o bien la película de Jim Jarmusch, Mistery Train, para darte cuenta de qué persona era. Un héroe. Mi héroe. Ante sus palabras, las mías no solo sobran, sino que intrascienden...


Revuelta Blanca (quiero una revuelta)
Revuelta Blanca (una por mi mismo)
Revuelta Blanca (quiero una revuelta)
Revuelta Blanca (una por mi mismo)

Los negros tienen hartas broncas
y no se les ocurre tirar la piedra
Los blancos van a la escuela
donde se les enseña a engordar

Y todo mundo hace
lo que les dicen que hagan
Y nadie quiere...
¡ir a la cárcel!

El poder está en manos de los ricos
con suficiente para poder comprarlo
Mientras caminamos por las calles
tan cobardes para siquiera hacer una lucha

¿Te estás encargando del asunto
o estás obedeciendo órdenes?
¿Estás yendo adelante
o estás retrocediendo?

Revuelta Blanca (quiero una revuelta)
Revuelta Blanca (una por mi mismo)
Revuelta Blanca (quiero una revuelta)

Revuelta Blanca (una por mi mismo)

Joe Strummer: The Future Is Unwritten (EU, 2007)
Dirigida por Julien Temple
Con Bono, Steve Buscemi, Johnny Depp, Jim Jarmusch, Anthony Kiedis
Mistery Train (EU, 1989)
Dirigida por Jim Jarmusch
Con Nicoleta Braschi, Masatoshi Nagase, Steve Buscemi y Joe Strummer

sábado 12 de septiembre de 2009

La vida es sueño, y los sueños cine son


¿Si tuvieramos la oportunidad de ser felices, lo haríamos? Incluso si la respuesta fuera sí, nada nos asegura que la promesa se vea cumplida, pues a fin de cuentas la dicha, en su uso constante, terminaría por desaparecer en la gris niebla de la rutina. Vayámos más allá: ¿y si la única forma de ser feliz fuera soñando un largo e intermibale sueño del que pudieramos controlar, hipotéticamente, cada elemento? ¿Eso nos garantizaría la felicidad? No olvidemos, y he aquí el problema, que cualquier sueño, justo en el momento de mayor júblio, facilmente se vuelve pesadilla, gracias esa misma excitación y a lo peligrosa que puede volverse, haciéndonos perder el control que creíamos tener. Sabiendo esto, si, en el punto más bajo, triste y desolador de nuestra existencia, alguien nos ofeciera la oportunidad de vivir nuestra felicidad en sueño, ¿diríamos sí?

Acabo de ver Abre los Ojos, película de 1997, dirigida por el hoy consagrado Alejandro Amenábar, también director de las más conocidas Los Otros y Mar adentro. Es la historia de César, un ricachón que tiene dinero, poder y mujeres a granel, un narciso en la opulencia que goza con cinísmo de sus virtudes materiales. El día de su cumpleaños, su mejor amigo lleva a una chica de la que, Oh sorpresa, se enamora al pasar una noche, no de sexo, sino de plática y descubrimiento, de romance flotando en el aire. "Y de pronto sentí esa estupidez que por lo visto le da a mucha gente... hasta pena me da decirlo... la quería". Entonces su vida se vuelve un infierno, pues una amante no correspondida toma venganza destrozándole, literalmente, la cara, condenándolo a ser una especie de Fantasma de la Ópera moderno, el príncipe vuelto ogro, incapaz de conseguir la atención de la otrora enamorada. Lo siguente que sabemos, está en un hospital siquiátrico, guiándo al público por la historia de su autodestrucción, la búsqueda de la felicidad que terminó en pesadilla.

Adelantada a ExistenZ de Cronenberg, Matrix de los Wachowski e incluso Lost, Abre los Ojos es una obra maestra de la ciencia ficción que prescinde por completo de vistosos efectos especiales, basándose simplemente en el arte de la puesta en escena, en un guión inteligente y en actuaciones efectivas (el galán Eduardo Noriega, la hermosa Penelópe Cruz y los amantes del círculo polar, Fele Martínez y Najwa Nimri). Con guiños a Asimov, Phillip K. Dick, y Alfred Hitchcock, Amenábar utiliza la ciencia ficción no para lucir pomposidad en lo visual, sino para plantear diversos temas filosóficos mediante los avances científicos planteados, sin caer tampoco en la pretensión esnob, pues construye una película entretenida e intrigante de principio a fin. También es una interesante historia de amor, de felicidad y de la pérdida de estos dos. De qué tan desesperado está el hombre por alcanzar la plenitud en lo sentimental y cómo se relaciona esto con la tecnología que lo va asediando día a día. Así, César decide morir antes de perder la vida, por irónico que suene. La promesa de una felicidad virtual le gana a la dura realidad. Lamentable(o afortunada)mente, el mapa detallado del paraíso resulta falso, pues en realidad no existe tal paraíso: y Dios, al darle libre albedrío a su cración, pierde total control sobre ella.

¿Matar a alguien con sentimientos, que en la realidad no existe, es moralmente aceptable? Es casi tan dramático como matar a cualquier otro por el simplemente hecho de ser extras en la película de nuestra vida. Qué importa que el personaje no exista, si ya deja impresiones indelebles en nuestra alma. El problema al que nos enfrenta Unamuno en su Niebla, es casi el mismo al que nos enfrenta Amenábar al matar al ente de ficción, una vez que el muy maldito nos ha creado la empatía por él, es tan descadado como en Juego de Lágrimas, donde el director nos enamora de una bella mujer para descubrir, en un giro tramposo y genial, que algo le cuelga en la entrepierna.

A fin de cuentas, todo es como la vida misma, tanta belleza y desfiguración, sueño y pesadilla, realidad y ficción, felicidad y abismo, amor y desamor, todo forma parte de la naturaleza humana, su búsqueda de la felicidad, imposible e inacabable, bien puede acabar, o continuar, con el fin de su existencia... en el plano de lo real ¿o ficción?

Abre los ojos.

Abre los ojos (España 1997). Dir. Alejandro Amenábar. Con Eduardo Noriega, Penélope Cruz, Fele Martínez, Najwa Nimri.

martes 25 de agosto de 2009

Para Chinos y Grandes


¿Es que acaso hay alguien que no haya visto El viaje de Chihiro?

¿Y El increíble Castillo Vagabundo?

¿Es que no se saben la historia de la niña que al huir de sus padres se encuentra ante un mundo de engañosos placeres?

¿No tenian conciencia de que las brujas y diversas masas antropomórficas andan entre nosotros sin que los podamos ver?

¿No se imaginan que se puede divagar filosófica, ecológica, política, y socialmente dentro del contexto de una película infantil?

¿Acaso no ven a esos pequeños seres, agentes de la naturaleza, verdes, con tres agujeros en sus diminutas caras, que se encargan de cuidar la naturaleza?

¿Se acuerdan de la princesa Mononoke?

¿Y del cerdo Porco Rosso? Sí, aquel puerco cincuentón, quien fuera un piloto importante atrás tiempo, que tiene una hermosa cantante esperándolo en el jardín todas las tardes para confesarle su amor.

¿Se imaginan que los dioses están entre nosotros? Dioses buenos y dioses malos, en forma de primorosos venados y asquerosos jabalíes.

¿Alguien se acuerda del castillo de Howl, y de la chica que fue transformada en anciana, y, curiosamente, encontró el amor?

¿Alguien ha visto a la princesa guerrera que fue criada por los lobos?

¿Vieron aquel castillo ambulante, el que era controlado por una chistosa flama, que conducía a lugares varios?

¿Me pueden decir que fue de las malvadas brujas gordas, que primero te seducen y después te apuñalan?

¿Alguien sabe quién es Hayao Miyasaki?

¿Saben que es el director más importante de cine animado en Japón, y probablemente del mundo?

¿Les dije que dirigió El viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke, El increíble Castillo Vagabundo, Porco Rosso, y, por si fuera poco, es el responsable de los famosos estudios Ghibli?

¿Sabían que pasó del marxismo al ecologismo, y de este al pacifismo?

¿Alguna vez les platiqué de él?