Debido a la reciente actividad académica tan abrumadora, no me he podido dedicar tiempo a este blog como lo merece (aún debo las entradas sobre Alan Moore y Promethea..., además de un ambicioso cuento sobre un joven heroinómano). Sin embargo, algunos de mis trabajos escolares tienen cierta ambición literaria. El siguiente es un relato ficticio que realicé para mi clase de Taller de Redacción. Enjoy it.

Dentro de Ciudad Univesitaria, debajo del puente de Insurgentes, a unos metros del Estadio Olímpico, Juan Miguel Pérez Peláez, alias el Cojo, vende mariguana. Por lo general el producto es de buena calidad, no ha habido grandes quejas, salvo por aquella ocasión en que Fernando Alcántara, estudiante de Ciencias de la comunicación, comentó: Que mamadas son estas, aunque no se sabe aún si se refería a la hierba o al balonazo que le acaban de propinar en la cabeza. Como sea, el Cojo goza de cierto prestigio dentro del círculo de consumidores de cannabis en CU. Sin embargo, pocos saben su triste y cuasi trágica historia. He aquí un breve resumen.
Juan Miguel nació en Tlalixtac de Cabrera, un pequeño pueblo oaxaqueño. Desde chico resaltaba de los demás, al ser el único niño que verdaderamente destacaba como estudiante en un pueblo donde la primaria y la secundaria eran mero trámite para empezar a trabajar de obrero o campesino. Al cumplir 18, se mudó con una tía que trabajaba de criada en una casa de Polanco, en el D.F. Realizó su examen para entrar a la Universidad Nacional Autónoma de México y se hizo de un lugar en la Facultad de Medicina. Una vez ahí, se convirtió en un universitario modelo e incluso consiguió una guapa novia llamada Marcela. Todo parecía ir bien para Juan, pero si algo hemos aprendido, es que la felicidad no dura toda la vida, a diferencia de la desgracia.
Tu tía murió, le dijeron. Y de ahí en adelante, fue todo fatalidad. Además de perder a su adorada tía, Juan se quedó sin sustento económico, por lo que comenzó a trabajar después de clases, lo que complicó demasiado su desempeño estudiantil. Al darse cuenta de que era imposible seguir con ese ritmo de vida, el joven comenzó a vender mariguana y hongos, que eran fáciles de transportar desde su pueblo, al que iba cada fin de semestre. Gracias a esto pudo mantenerse una temporada, hasta que fue reportado con las autoridades universitarias, que abrieron un juicio en su contra. Por aquella época, estalló la huelga en la UNAM, por lo que todas las actividades fueron suspendidas. Cuando el conflicto se solucionó, le dijeron que había perdido permanentemente su lugar en la Universidad. Por si fuera poco, Marcela lo abandonó cuando se enteró del asunto de las drogas y la expulsión.
Desesperado y desolado, Juan intentó suicidarse aventándose a las vías del metro. Para bien o para mal, el conductor frenó casi a tiempo. Y digo casi porque, si bien no lo mató, sí le destrozó una pierna, dejándolo, como bien indica su apodo, Cojo. Viendo que, incluso para el suicido había fracasado, Juan tomó todas sus cosas y se fue a vivir a una cuevita cerca del Estadio Olímpico, justo debajo del puente de Insurgentes, donde, hasta la fecha, vende mariguana a cientos y cientos de estudiantes de todas las carreras posibles. Cabe decir que, a su modo, el Cojo es feliz.
*Letras chiquitas políticamente correctas: este texto solo busca entreneter, no promover el uso de sustancias ilegales. Unámonos a la lucha contra el narco que ya le ha costado a este país miles y miles de asesinatos, efectuados tanto por el narco como por las fuerzas militares. Al final, los que salimos chingados somos los demás. Gobierno de la República.
Vaya historia más agri-dulce, amigo, pero muy intensa.
ResponderSuprimirSaludos
¿Por qué el camino correcto debería ser aquel que nos marca la sociedad?
ResponderSuprimirEstudia. Ve a la universidad. Ten un trabajo ejemplar. Cásate. Adquiere una propiedad. Compra un coche. Ten hijos. Sonríe y aparenta, hipócrita.
... y muere infeliz, total, eso nadie lo va a saber...
Un cuento majo, con cierto tono irónico (no el de Woody, pero no tiene por qué ser ese). Me ha gustado. Un saludo.
ResponderSuprimirVaya!. Descubro tu blog a través del amigo Crowley y me supone una grata sorpresa. Veo tambien a David por aqui y veo tambien que le ha salido un serio competidor, jajaj... Pasaré a leerte, sin duda, es un placer.
ResponderSuprimirUn saludo cordial
mcha, yo hubiera querido que fuera más influyente que fluida, jajaja, está chido we, así nos pasa a muchos, a veces estamos en la cima, viene después la estabilidad de la transición y finalmente la miseria, que de no ser felicidad, convertiría la vida en una muerte enmascarda, aunque en realidad lo sea es mejor pensar que no lo es...
ResponderSuprimir