domingo 20 de junio de 2010

Tal vez hay seres más inteligentes...

15 años después ya no somos los mismos. Llegó el Play Station en todas sus generaciones, también Xbox, Gamecube y Wii. Nos empezamos a fijar en las chicas. En el cine, los efectos especiales y las historias fantásticas hicieron inútil nuestra imaginación: ¿cómo podía competir un triste juguete contra El señor de los Anillos, Harry Potter o Transformers? El celular nos mantuvo con la cara dirigida a una pantallita donde podíamos tener acceso, de un jalón, a llamadas, mensajes, canciones, imagenes, videos, reloj y otra gran cantidad de cosas. En la escuela, empezamos a socializar, a hacer amigos y enemigos, nos enamoramos y desenamoramos. Fuimos a la secundaria, de ahí a la preparatoria y finalmente a la universidad. Descubrimos el alcohol y el tabaco. No tardamos en tener nuestra primera borrachera. Descubrimos el sexo. También descubrimos Internet, Facebook nos mantiene ocupados sin, irónicamente, hacer nada. Y en el ático, junto con un montón de cosas inservibles, al lado de las escobas y periódicos viejos, nuestros juguetes de la infancia se llenan de polvo.

Hace 15 años, en 1995, se estrenó la que sería el parteaguas del cine animado: Toy Story. Si ya de por si era una proeza realizar una cinta totalmente en computadora, el guión y lo profundo de los personajes y las situaciones vinieron a reafirmarla como uno de los últimos clásicos del siglo XX y a PIXAR como una empresa cuyos productos aseguraban calidad y rentabilidad. La premisa de Toy Story era simple pero tenía un gran potencial: los juguetes tienen vida y, cuando no los vemos, interactúan entre sí. Debido al gran éxito en todos los ámbitos, la secuela llegó cuatro años después, en una cinta igualmente divertida y de gran calidad tanto en lo técnico como en lo narrativo. Después PIXAR se dedicó a realizar cintas que se fueron superando una tras otra, desde una bella fábula familiar como Buscando a Nemo, hasta una profunda reflexión de vida como UP, pasando por una humanización de la máquina de alcances casi filosóficos como Wall-E. 11 años después, decidieron retomar a sus personajes más emblemáticos para una tercera y (esperemos) última entrega.

Toy Story 3 comienza como una atractiva cinta de aventuras con vaqueros, marcianos, ladrones, guardianes del espacio y cerdos voladores. De inmediato nos sentimos familiarizados con Woody, Buzz, Jessy, Tiro al blanco o la pareja cara de papa. Sin embargo, pronto descubrimos que en realidad estamos siendo testigos de la fantasía de un niño que se dedica a chocar sus juguetes unos con otros, creando todo un escenario que, dentro de su imaginación, es totalmente real y trascendente. Es el buen Andy, y está siendo grabado por su madre (personaje bastante insufrible y de dudosa moral en las cintas anteriores). Al pasar las demás grabaciones, vemos el crecimiento del niño, siempre al lado de sus juguetes. Y entonces brota la primera lágrima.

Lo que le sigue es una efectiva película de aventuras protagonizada por los héroes de nuestra infancia: aquellos entes inanimados que se dedicaban a rescatar a la chica de los villanos, a conjurar grandes hechizos, a hacernos felices. Los personajes son donados por error a una guardería. Comprendiendo que Andy ha crecido y asistirá a la universidad (época en que los juguetes probablemente sean lo menos importante en la vida) el equipo acepta su nuevo hogar, que pasa de ser un paraíso terrenal a una insufrible cárcel de maltratos gobernada por un rey enloquecido por el rechazo (nunca un oso cariñoso había sido un personaje tan complejo). En medio de graciosas situaciones, dialogos hilarantes y emocionantes secuencias, todos emprenderán el camino a casa.

Toy Story 3 funciona en varios niveles. En primera, nos brinda una buena aventura con aquellos personajes que tanto disfrutamos en la infancia, y al decir esto me refiero tanto a los de la película, como a nuestros propios juguetes, quizá abandonados en un ático o desechados hace mucho tiempo. La animación sigue siendo perfeccionada, luciéndose en varias escenas pero sobretodo sirviendo para sustentar lo narrativo. Los personajes nuevos son varipintos, y cada uno de los protagonistas está perfectamente trazado, con sus propios demonios a vencer (la firvolidad y el naricismo de Ken por un lado, el miedo al rechazo del Oso Cariñoso por otro). Además, cuenta con varias referencias que hacen aún más enriquecedora la experiencia: por ahí se ve algún juguete de Rayo McQueen, o un peluche de Totoro, personaje emblemático del llamado "Disney japonés": Hayao Miyasaki.

Pero Toy Story 3 es más que eso: es una oda a la imaginación, un homenaje a nuestra propia creatividad y a la capacidad de verter un pedazo de nostros en cosas materiales. Es un canto generacional que viene a cerrar con la infancia tardía de muchos de nostros. Resulta curioso que en plena época de bombardeo mediático, de publicidad y Facebook, de Twitter y su desarrollo de memoria a corto plazo, una cinta sobre juguetes venga a arrebatarle varias lágrimas a jóvenes de 19 años.

Quizá carezca de la belleza visual de Cars, de la profundidad de Wall-E o de la reflexión de vida de UP; pero el poder simbólico que Toy Story 3 ejerce sobre su público puede ir más allá: se trata de cerrar ciclos, de poder ceder un juguete a una niña menor que mejor sabrá aprovecharlo dentro de su pequeño mundo feliz. Pero también se trata de no olvidar, de poder ver perlículas para niños y recordar cómo nos hacían sentir en casa. De reencontrarnos con nuestro principio del placer. De sentarnos con aquella pequeña y volver a ser niños, volver a sentirnos felices, en nuestro hogar y nuestra hermosa fantasía. Porque, a fin de cuentas, todos somos Andy, y todo Andy tiene su Woody y su Buzz.

Hace 15 años eramos felices. El mundo adulto aún no nos seducía ni nos pervertía. Nos dedicabamos a jugar todo el día con nuestros Playmobil, con Hot Wheels y con cualquier cosa que pudiera alimentar nuestra gran fantasía. Conforme fuimos creciendo nuestra imaginación se fue mermando. Un mundo más grande nos atrajo y nuestros juguetes fueron quedando en el olvido. Probablemente sigan en aquella bolsa negra en la bodega. Pero hay algo... una tonadita que hace que nos acordemos de ellos, que vayamos a la bodega a desempolvar un poco y ver si ahí sigue aquel dragon, aquel vaquero... es una tonada muy bella que, aunque la hayamos olvidado, siempre estuvo presente...

6 aportaciones:

  1. no existe la opción "me gusta??"
    muy buen texto jorge, me hizo evocar todo lo que nos ha sucedido al paso de los años y ¿por qué no?, unas intensas ganas de ver Toy Story 3.
    Muy buenas referencias las que utilizas, nada pretencioso y muy rico de leer.
    Lo disfruté

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  2. qe onda we ia sabes que io leia esta cosa que tu haces que me gusta mucho lo que escribe vos... y solo queda decir que hay que voltear a ver esa bolsa negra y darte cuenta de todo lo que dejaste por "facebook" vaya vaya... gracias buen texto.-. Toña

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  3. No quiero leer esta entrada que aún no he visto la peli y no quiero que me destripes nada.
    Cuando la vea vuelvo.
    Un saludo.

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  4. Gracias Tania, espero que pronto la veas, igual que Kick-Ass!!!! (allá en tu pueblo)
    Toña, como siempre un honor tu presencia en estos lares.
    David, no demores que te pierdes de una avalancha de emociones.

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  5. Este año, en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires vi una película sueca llamada Flickan. Trataba de una niña que se quedaba sola en su casa. Cuando le preguntaron al director por qué había elegido ambientarla en los 80 dijo que si la hubiera ambientado en el siglo XXI posiblemente nada de lo que ocurre en la película hubiera ocurrido. Hoy por hoy, es probable que una chica se quede delante de la computadora todo el día para "pasar el tiempo"

    La infancia ha cambiado. No sabría decir si es mejor o peor que antes. Supongo que es simplemente diferente, pero Toy Story va al rescate de los jueguetes materiales que valorizan una relación más corporal que la chatura de la imagen que nos domina hoy por hoy.

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  6. La película me gustó mucho. Y me causó también muchas emociones, aunque me parece que por motivos distintos. Coincido en lo del temor al rechazo del oso amoroso,pero ¿madre de moral dudosa? Me ha hecho gracia el comentario.
    Nunca aclararon si era viuda, soltera o separada (y no me pareció mal).
    Por lo demás, a mí me encantó el flash-back del oso, la niña y el payaso. Ellos vuelven a casa como los juguetes de Toy Story en la primera película, pero han sido "reemplazados" y la ventana está cerrada (como le pasa a Peter Pan cuando vuelve a casa).
    Otro saludito.

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